Menopausia

Menopausia: una difícil transición

Menopausia

Durante todas las etapas de la vida de la mujer se presentan cambios que influyen directamente en su bienestar físico y mental. Entender por qué ocurren no es una tarea fácil; sin embargo, los cambios que inciden en su calidad de vida, obligan al médico a involucrarse no sólo en su estudio, sino también en su tratamiento oportuno.

El climaterio, perimenopausia o transición menopáusica, es un periodo que definitivamente marca el cambio en la vida de la mujer de la etapa reproductiva a la no reproductiva. Y, dada la individualidad en la presencia de síntomas en cada mujer y la subjetividad con que cada una los vea, muchas veces resulta difícil hacer el diagnóstico en el momento oportuno.

Cada vez son más las mujeres que entran en esta etapa y a diferencia de décadas anteriores, hoy en día la mujer puede vivir, inclusive, un tercio de su vida en este periodo, por lo que el médico se ve obligado a tener los conocimientos necesarios para ofrecer la mejor atención clínica y preventiva, con conocimientos actuales.

Aunque no está totalmente claro el mecanismo que explica el inicio de la menopausia, a grandes rasgos se sabe existe una falla ovárica que desencadena un descontrol hormonal, con aumento de niveles de ciertas hormonas como la FSH (hormona folículo-estimulante) y en menor medida de LH (hormona luteinizante), así como la disminución de estradiol, hasta que finalmente la mujer deja de menstruar.

Pero durante el periodo en que ocurren estos cambios, la mujer experimenta una serie de síntomas que en mayor o menor medida condicionan alteraciones en su calidad de vida. Finalmente la mujer llega a la menopausia que se define como el cese de la menstruación por doce meses consecutivos.

Entre los síntomas del climaterio, los de mayor prevalencia son los de vasoespasmo, es decir, la presencia de bochornos, sudoraciones nocturnas, palpitaciones, adormecimiento de piernas o manos, dolor de cabeza y desórdenes del sueño como insomnio.

Se entiende por bochornos la sensación súbita de calor y sudoración en cara, cuello y torax, que tiene una duración desde 5 segundos hasta 10 minutos, y se pueden presentar hasta dos veces por hora. Las mujeres que padecen este síntoma deben saber que esto tiene una duración máxima no mayor a cinco años y se pueden ofrecer un sin fin de tratamientos para aminorarlos: desde cambios en el estilo de vida hasta tratamiento médico, dependiendo de la severidad y las caracteríticas de la paciente.

Los bochornos no sólo interfieren con el estado de humor de la mujer, también pueden alterar su sueño al despertarla durante la noche por sudoraciones nocturnas y finalmente repercutir en su desempeño diario.

Estos síntomas, que físicamente afectan el día a día de la mujer, indudablemente repercutirán en el desempeño de sus labores. Si a ellos se suman los cambios en el estado de humor característicos de esta transición, como irritabilidad, llanto fácil, fatiga, mala memoria, concentración deficiente y depresión, es entendible el desequilibrio que presenta la mujer en esta etapa de transición y lo difícil que puede resultar sobrellevar cada uno de estos cambios. Es aquí donde se debe remarcar la importancia del apoyo que le brinde su familia y la orientación que le ofrezca su médico.

Además de orientación, el médico debe procurar la prevención de las principales patologías asociadas a esta transición entre las que destacan la prevención del cáncer cervicouterino, de mama, de ovario, de endometrio y de colon. Se deben realizar pruebas para la detección de osteoporosis, prevención oportuna con inmunizaciones contra influenza, neumococo, tétanos y herpes zóster; y la prevención de enfermedades cardiovasculares con aspirina, control de la presión arterial, tamizaje de niveles de lípidos y diabetes, así como orientación para cambios en el estilo de vida y evitar la obesidad y el tabaquismo.

En cuanto al tratamiento, los estrógenos han sido utilizados como suplemento hormonal desde hace más de 60 años para el control de los síntomas perimenopáusicos y menopáusicos. Muchos mitos y realidades han cuestionado su uso, pero a pesar de ello, hoy en día siguen siendo una herramienta base no sólo para el control de síntomas, sino también como uso de medicina preventiva para algunas patologías en la mujer climatérica.

Existe una infinidad de presentaciones, marcas y dosis hormonales y siempre se debe buscar elegir la mejor para cada paciente dependiendo de sus propias cualidades, teniendo como base la recomendación de usar la terapia en mínimas dosis y por el menor tiempo posible.

En los últimos años, se ha propuesto el uso de medicina alternativa como apoyo al tratamiento de estos síntomas, y remarco apoyo, dado que ninguna de ellas ha probado efectividad en su uso como única terapia. La dieta con soya, cuidados quiropráctico, naturopatía, masajes, acupuntura y el uso de hierbas como alfalfa y jengibre, pudieran resultar efectivas como terapia adyuvante.

Por otra parte, cambios en el estilo de vida como la relajación con meditación, yoga, masajes o baño tibio, ejercicio regular, mantener una temperatura baja usando ropa ligera o dormir en una habitación fresca, mantener peso corporal saludable, no fumar, cuando inicia el bochorno compensar con la respiración profunda, lenta y abdominal, evitar detonantes de bochornos como bebidas calientes, cafeína, alimentos picantes y alcohol; todo esto resulta útil para la disminución de los síntomas.

En conclusión, la transición menopáusica no resulta un cambio fácil para la mujer y la severidad de cada síntoma será diferente en cada una. El primer paso es reconocer en cada mujer a un ser único e independiente, entender sus síntomas, hacer un diagnóstico oportuno y dar la mejor solución posible, no sólo con tratamiento médico, sino con el apoyo y entendimiento de su familia y su médico, logrando así, en lo mejor de lo posible, un tránsito menos pesado por esta etapa.